Hoy me desperté guerrera y me acordé de un trocito del libro en el que Antonio (Alan) presenció una batalla de gladiadores allá por la era de Octavio Augusto. Disfrutádlo.
ECN.

Frag. del capítulo XX:
"Era la primera vez que asistía a las fiestas de Roma y, como todo allí, las celebraciones eran exacerbadas. Me propuse participar en la mayoría de los eventos ante la insistencia de Valerio y
disfrutar todo lo posible de ellos, pero la perspectiva de los combates de gladiadores no me agradaba y cuando llegó el día, allí estaba yo, sentado junto a un senador y un magistrado en el palco principal. El graderío estaba repleto de gente que ya se impacientaba y a los que parecía no importarles el clima frío de ese mes; hacía pocos años que el pequeño anfiteatro se había edificado en la ciudad, debido al
aumento de la demanda de esos espectáculos y, aunque no tenía el esplendor que años después
ostentaría el anfiteatro Flavio edificado por Vespasiano, cumplía sobradamente el papel para el que se
construyó y los juegos de Tito no desmerecieron a los grandes eventos posteriores.
Por fin, ante las aclamaciones de la plebe y tras la orden de Valerio, todos los gladiadores
entraron en la arena a través de la reja que daba a las estancias inferiores del anfiteatro. Iban ataviados con sus armas identificativas; allí se situaron los equites en sus caballos, los essedarii en sus carros, los secutores con las gladius y escudos, los reciarios con redes y tridentes y los provocati que abrirían los combates. Se aproximaron a nuestra posición y elevando la voz con el saludo y juramento obligado, se dispusieron para su sacrificio o su victoria. Algunos morirían, sin embargo, los vencedores serían aclamados como héroes.
La lucha se inició.