Hoy para celebrar el Día del Libro os dejo uno de los relatos que me escribí hace años, de esos que nunca he mostrado y que estaban escondidos entre mis cosas. La verdad es que seguro tiene mil fallos...jejejej. Bueno espero que os guste aunque sea de tema costumbrista.
Un saludo, feliz día y dejad que el escritor que lleváis dentro salga.
ECN.
"Hay
muchas formas de pasar un día de frío, sobre todo si tu vida se desarrolla
desde que naciste en un pequeño pueblo de Cuenca. La mejor es en casa, apacible
y tranquilamente, mirando caer el agua nieve por la ventana, al lado de la
calefacción o cerca de la tan amada estufa de leña que en muchos hogares de
estos lares aún se usa, y si no es suficiente, añadimos una manta en el sofá y
el calorcito de tu pareja.
Esas
tardes noches que miras a través del cristal y apenas ves, porque hasta hace
nada estaba lloviendo y se pone cada vez más oscuro en el exterior. Mientras
contemplas esto, lo último que se te ocurre es salir de tu casa. Además de la
pereza que se siente si ya es de noche, hace frío, es fin de semana y día de
descanso.
Pero
siempre hay algo que hacer en el último momento: tu madre que te manda a
comprar porque falta un ingrediente primordial para el plato de “callos”
caseros que ha decidido preparar en honor de tu cuñado, al que le gusta comer
las cosas típicas de la mancha y como todo el mundo sabe los vascos aprecian el
buen comer; una visita más de la cuenta a tu lugar de trabajo porque a tu novio
le falta fotocopiar un documento... Pues eso, que acabas saliendo a las ocho de
la noche, increpando a lo alto por tu mala suerte y abrigada hasta las orejas,
porque el frío de Diciembre es de armas tomar en estas latitudes.
No
obstante, hay algo bueno en todo esto: vas en compañía, y piensas para ti
egoístamente que por lo menos no pasarás frío sola: ¡si yo caigo, caerán conmigo!...
